Lc 17, 11-19. Dentro de la pequeña historia de cada persona, probada por enfermedades, dolencias y aflicciones, siempre es un «misterio» experimentar en nosotros cómo se recupera la vida, cómo se reafirman nuestras fuerzas y cómo crece nuestra confianza y nuestra libertad.
Es bueno pararse a reconocer todo lo bueno que vamos recibiendo en la vida, y ser agradecidos con el pasado y el presente. Saber agradecer los esfuerzos y trabajos de las generaciones pasadas, y las inquietudes y luchas de las presentes. Agradecer la historia que desde atrás nos sostiene y nos impulsa hacia un futuro mejor. Agradecer la naturaleza, los acontecimientos que tejen nuestra vida, las personas que nos acompañan, nos quieren y nos hacen más humanos.
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